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domingo, 21 de agosto de 2011

La tumba marginada de un ilustre desconocido

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Fue una personalidad destacada de la sociedad paranaense de la segunda mitad del siglo XIX. Tenía un notable prestigio personal derivado de su tarea de doctor en Filosofía, docente y periodista. También por ser el suegro del empresario más importante de la ciudad. Sin embargo, no siempre le tributaron respeto: algunos esperaron que muera para expresarle su repudio por ser... protestante.

Los que siembran entre lágrimas cosecharán con alegría”. La reflexión, en inglés, se desprende de una lápida escondida en el laberinto formado por las paredes de viejos panteones, en el Cementerio Municipal de Paraná. Sobre el mármol blanco se leen un nombre, Edward Young Haslam, y una fecha, 21 of september 1878.
En ese lugar está enterrada una historia que comienza en Inglaterra, en la primavera de 1813. Es la historia de un maestro de escuela, doctor en Filosofía y Letras, periodista y fundador de un diario célebre. Esa tumba es la del bisabuelo de Jorge Luis Borges.
El hombre que fue enterrado allí, fuera de los confines del Cemen-terio de la Santísima Trinidad, por profesar la religión protestante, llegó a Paraná para visitar a su hija mayor, Carolina, casada con un empresario llamado Jorge Suárez, dueño de los tranvías que circulaban por esta ciudad.

“AFORTUNADOS”. Edward Young Haslam arribó a Paraná junto a su otra hija, Frances Ann (Fanny), abuela de Jorge Luis Borges. El caballero inglés entró en la ciudad para quedarse toda la vida, y aún después de su muerte. “Realmente creo que no hay en la república algo semejante con respecto a las facilidades proporcionadas a nivel educativo, y ¡gente afortunada, estos paranaenses!, no deben pagar ni una moneda para que sus hijos sean bien educados y abastecidos de libros y otros requisitos para su instrucción”, escribió Haslam sobre su ciudad adoptiva.
El escritor Alejandro Vaccaro, en su libro “Georgie, 1899-1930”, hace un recorrido por la vida de Jorge Luis Borges. Para eso se detiene en Paraná. Transita los lazos del escritor con esta ciudad y lo vuelca en su libro.
En Georgie… el autor incluye palabras de Borges evocando a su antepasado radicado en la capital entrerriana: “El abuelo materno de mi padre, Edward Young Haslam, editó uno de los primeros periódicos ingleses de la Argentina, Southern Cross, y se había doctorado en Filosofía o en Letras (no estoy seguro de cuál era la disciplina) en la Universidad de Heidelberg. Sus medios no le permitían estudiar en Oxford o Cambridge, por lo que marchó a Alemania, donde obtuvo su título después de haber realizado todos sus cursos en latín. Murió en Paraná”.
Haslam se enamoró de una ciudad en franca decadencia. Paraná había sido capital de la Confederación y apenas quedaban los vestigios de lo que fue, en medio de una crisis económica derivada del traslado de la capital nacional a Buenos Aires. Los principales edificios que se habrían de levantar algunos años más tarde y que devolvieron el ritmo de crecimiento a la ex capital nacional, no eran más que remotos proyectos. Pero al doctor en Filosofía y Letras, la vieja Catedral, el antiguo edificio del teatro, la arquitectura simple del entorno de la plaza, le alegraban sus paseos. En la antigua sede del Gobierno de la Confederación, convertida ya en Escuela Normal de Paraná, Haslam daba clases de inglés.
Jorge Suárez, yerno de Haslam, era dueño de la compañía que instaló y prestó el servicio de tranvías tirados a caballo que unían la Plaza de Mayo con el Puerto de la Bajada. Desafiando la crisis económica, Suárez –compañero de juego de cartas del General Urquiza– había pedido autorización para instalar el servicio. La iniciativa contó con el aval de una ley del Gobierno provincial, fechada el 21 de abril de 1869, por la que concede la autorización para realizar el trazado de vías. Para eso fueron necesarias varias construcciones complementarias: puentes, viaductos y un muelle en el puerto. “Estas obras, consideradas como las de mayor magnitud para la época, se iniciaron en el año 1872, y en junio de 1873 quedaba habilitado al servicio público el primer tranway de Paraná”, enseña el libro Paraná, dos siglos y cuarto de su evolución urbana, de Ofelia Sors.
TRANSFORMACIÓN. La suerte de la ciudad cambiaría con el correr del tiempo. Poco a poco, Paraná recupera su energía y el trajín del puerto se acelera a lo que fue en tiempos de la Confederación. Haslam vive esto con alegría y cuenta: “Hay un arquitecto aquí, un extranjero, por supuesto, cuyo nombre, si lo supiera, debería transmitir, que está embelleciendo Paraná con hermosos monumentos, fruto de su habilidad y experiencia. Lo que a mí me sorprende es la versatilidad del genio de este hombre. Todos los estilos arquitectónicos parecen serle familiares, y no hay dos trabajos suyos que se parezcan entre sí, pero sin embargo son todos excelentes. Es él quien está construyendo la iglesia San Miguel”.
Edward Young Haslam se hizo un paranaense más. Pasó sus últimos días en la casa de su yerno, Jorge Suárez; una residencia de amplios jardines sobre el antiguo paseo de la Alameda de la Federación (cerca del lugar donde hoy se ubica el taller Manuel Antequeda).
En esa petit mansión, Haslam sobrevivió sólo una semana a una severa bronquitis. El respetable hombre que amaba la lectura, la vida en el aula y los paseos por su ciudad adoptiva murió el 21 de septiembre de 1878. Un cortejo trasladó su cuerpo hasta las afueras de un cementerio que sólo albergó su tumba cuando fue necesario extender sus límites, por falta de espacio.
En su libro, Vaccaro considera que “Los verdaderos semilleros de las inquietudes literarias en la vida de Jorge Luis Borges parecieran provenir de los Haslam”. Esa semilla que dio su fruto descansa en el Cementerio Municipal de Paraná, encerrado entre dos panteones. Es un pasillo tan estrecho, que en él sólo caben algo de humedad y mucho de olvido.

Borges, lejos de casa
Un siglo más tarde, cuando Jorge Luis Borges murió en Suiza, en junio de 1986, sus restos fueron honrados por la Comuna de Ginebra, que gestionó la sepultura en el cementerio de Plainpalais. Un paranaense representó al Gobierno Nacional en esa instancia: el entonces senador nacional Luis Agustín Brasesco. Ante una pregunta de este cronista, el ex legislador entrerriano recuerda el momento: “El anuncio oficial del fallecimiento había sido demorado por un pedido de las autoridades comunales de Ginebra para que Borges sea sepultado en el cementerio donde se encuentran muertos ilustres, como Ginastera y Calvino. Los ediles, vestidos con sus trajes de gala, estilo que conservan desde la Edad Media, se reunieron en sesión urgente para autorizar la gestión, que fue aprobada inmediatamente. Luego se realizó el velatorio privado, un oficio religioso ecuménico y un cortejo. Las ofrendas florales demostraban la adhesión al duelo de reyes, jefes de gobierno, academias de letras y personalidades ilustres del mundo”.

Publicado por: El Diario de Paraná.

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