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lunes, 30 de mayo de 2011

La estatua del Diablo que estremeció a Paraná y colmó de fortuna a su dueño

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Paraná es la ciudad de mil ángeles y un demonio. Un demonio representado en la estatua del Diablo que estremeció a la ciudad durante treinta años, hasta que los dueños de la casa de Avenida Almafuerte, donde se asentaba la imagen, decidieron hacerla desaparecer, como lo cuentan en esta nota. Perduran, en cambio, las figuras de ángeles, algunas de ellas cargadas de historia pero sin el halo legendario que supo concentrar el más temible de los ángeles todos: el caído.

En la década de 1930 ir hasta el final de la avenida Almafuerte no era tarea tan sencilla. Las calles eran de tierra y también jugaba en contra el desaliento que siembra la distancia entre un lugar y la nada. Porque lo único que existía en la calle que conducía hasta la alejada zona de Corrales eran apenas algunas pocas quintas desperdigadas. Ir hasta el extremo perdido de la futura avenida se complicaba, además, porque en una de esas prolijas fincas habitaba el Diablo. Un diablo con sus atributos más temibles: la risa perversa y una mirada estremecedora que disparaba desde la altura de su pedestal de cemento.
El Diablo era una estatua que permaneció en el jardín de un chalet de avenida Almafuerte 1321 hasta los primeros años de la década del 70. Un diablo que desató la superstición con la que se tejieron decenas de historias.
La versión más difundida es la que afirma que la imagen estuvo allí porque el dueño de casa le había prometido al demonio que si sacaba el premio mayor de la Lotería, le daría su alma y erigiría una imagen para que todos la veneren. La leyenda afirma que el demonio cumplió su parte y que el dueño de la finca no tardó en poner manos a la obra con su ofrenda.
En el año 1965 en la casa del diablo se instaló un restaurante que atrajo a la clientela con la novedad del pollo asado en espadas. El lugar se llamaba El Galeto de Oro y hasta allí iban cientos de personas por semana a cenar, cerca de la mirada inquietante del diablo, que no había abandonado su lugar en décadas.
Rubén Kunzi, dueño del desaparecido comedor desmiente que él sea, como muchos creen, el protagonista de algún pacto diabólico. Y no duda de la categoría de leyenda que tienen las historias que hoy apenas retumban con la intensidad del último eco. El comerciante asegura que cuando abrió El Galeto de Oro la estatua ya existía. "Yo ni pensé en sacarla porque para mí no era más que un fauno. Pero reconozco que para toda la gente era el mismísimo diablo", le dice a este cronista.

LOS ATRIBUTOS. Fauno o diablo. El imaginario popular había depositado en la estatua la figura del demonio y eso alcanza para decir que Paraná es una de las pocas ciudades que tuvo un monumento al Diablo. El Lucifer paranaense era más temible que el Ángel Caído que despierta la curiosidad en el Parque del Retiro de Madrid.
La estatua que estremeció con su presencia en calle Almafuerte era blanca, del tamaño de una persona adulta, con cuernos, cola en punta y barba puntiaguda. La figura descansaba sobre su pierna izquierda arrodillada y la otra, más elevada, le servía a la imagen para apoyar el brazo de ese mismo lado. Algunos recuerdan que sobre la mano derecha descansaba el mentón. Otros dicen que sostenía una flauta y por eso afirman que se trató de un fauno, ser de la mitología a los que ni los griegos ni los romanos consideraban maligno.
No existe foto de la estatua que despertó mil historias. El cronista pregunta en la casa de Almafuerte 1321 si todavía queda algo de la imagen construida en cemento. Fue en busca de la estatua del diablo y salió con varias estampas de la Virgen María. "Esta ya no es más la casa del diablo. Ahora es la casa de la Virgen", explicó hace un tiempo Teresita Princich, mientras enseñaba las imágenes de María Reina Inmaculada y María Reina de la Paz.
"Muchas veces pensé en erigir la imagen de la Virgen para que se vea desde la calle, porque aún queda la idea de que ésta es la casa del diablo. Los remiseros que me traen me cuentan la historia del diablo, dicen que la gente no se animaba a pasar frente a lugar", relata la señora Princich. La mujer afirmó que no tuvo ni interés ni valor para ver los restos de la estatua que se conservaron en el fondo de su casa. Entonces le pidió al esposo que la sacara del lugar.
"Sí, yo tiré la estatua a la basura. Cuando la encontré estaba muy dañada. Partida en tres partes. Ya no existe más", le confirma Eugenio Princich al cronista. A la entrada de su casa, un recipiente con motivos religiosos contiene agua bendita que utilizan para persignarse cada vez que ingresan al lugar. Sin necesidad de preguntas, los nuevos habitantes de la finca aclaran que jamás ocurrió ningún fenómeno raro en su hogar. "Hay un altillo al que todavía nunca fui, que no conozco –dice la dueña de casa– donde según cuentan crece siempre una flor negra. Son todas leyendas", remata.

ÁNGELES Y FAUNO. El arquitecto Marcelo Olmos, director del Museo Rosa Galisteo de Rodríguez, de Santa Fe, guarda el recuerdo de haber visto la imagen y no duda en afirmar que se trataba de un fauno. Para Hugo Ugalde, en cambio, era el diablo, y así lo consigna en un trabajo en el que hace un inventario de las imágenes angelicales que existen en Paraná. "Es, en cierta forma el ángel caído, y por eso lo incluí", explica el autor del relevamiento. "Una vez me quedé mirando abstraído la imagen del diablo y una mujer me dio una cachetada porque dijo que yo le estaba rezando", cuenta risueño.
El trabajo de Ugalde indica que Paraná es una ciudad atravesada por la mirada de miles de ángeles que custodian silenciosos desde antiguas fachadas, desde algún pórtico cargado de detalles o desde las alturas del salón del Teatro 3 de Febrero. Aunque –aclara– en la ciudad no existe ningún Cupido, que es el único ángel de origen pagano, que encendía el amor entre las parejas según la creencia de los romanos.
Los mil ángeles de Paraná nunca lograron arrancar la misma curiosidad de la población que sí supo acaparar la estatua con cuernos. Hay ángeles con mucha historia pero que no alcanzaron a quitar protagonismo al diablo-fauno.
El artista plástico Alfredo Godoy Wilson, cuando tuvo a su cargo la restauración de los frescos del Teatro, descubrió que el autor de las pinturas hizo un ángel con tres brazos. Una rareza que no se advierte sino desde la proximidad con la obra.
La escritora María Celeste Mendaro escribió una novela que gira en torno a la búsqueda de dos estatuas: la de un diablo y la de un ángel. Puede que sean el diablo de avenida Almafuerte y el ángel de Villa Yatay.
Olmos da pistas sobre la historia de este último ángel tan cargado de expresión y belleza que parece abrir una herida en el paisaje de uno de los barrios más pobres de Paraná. "Es una estatua de mármol de Carrara, que vino de Italia a fines del siglo XIX. Probablemente sea genovesa. Estaba ubicada en un panteón del Cementerio Municipal, que cambió de dueños. Los que compraron el panteón donaron la estatua al Arzobispado, así fue que se la ubicó en la galería del Seminario. En una gran tormenta el ángel se decapitó. Una monja mercedaria lo descubrió tirado, roto, y pidió que le permitan ubicarlo en el jardín del comedor comunitario de Villa Yatay. Actualmente está allí y nadie sospecha que se trata de un ángel funerario, con su túnica llena de estrellas que aluden a la eternidad y al cielo. La imagen tiene un gesto que llama al silencio. En una de sus manos sostiene la trompeta del juicio final".
Un coro de ángeles regala su silencio sobre la ciudad. El diablo de cemento ya no está para inquietarlos con su presencia, aunque sus historias despiertan la envidia de los seres alados de piedra o mármol. Aquellos que no se atrevieron a saltar al vacío y que por eso mismo carecen de leyendas.

Publicado por: El Diario de Paraná.

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