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miércoles, 25 de mayo de 2011

El rol de Entre Ríos que la historia se empecina en ignorar


Desde ambas costas se emitieron inmediatas adhesiones a la Primera Junta. Sin embargo, Buenos Aires intentó entregar Entre Ríos al dominio español. La historiadora Laura Naput hace un repaso por los hechos que nunca debieron olvidarse.

El edificio del Cabildo de Buenos Aires, una multitud, la lluvia que no desalienta la concentración y algún vocero dando las novedades desde el balcón conforman la imagen indeleblemente ligada al 25 de Mayo de 1810. Buenos Aires el escenario. Buenos Aires la protagonista exclusiva y excluyente del salto de libertad.
El tradicional cuadro podría funcionar como alegoría de la simplificación, la parcialización de un proceso que conoció varios escenarios y una complejidad de hechos y protagonistas que la historiografía decidió dejar en un cajón cerrado.
Lo que se conoce hoy como Entre Ríos se concentraba, fundamentalmente, en dos puntos urbanos: el Oriente Entrerriano –con tres villas nuevas por entonces, Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Gualeguay– y la Baxada –que es Paraná–, y en estos lugares los preceptos revolucionarios encontraron decisivas adhesiones.
De hecho, Concepción del Uruguay adhirió casi inmediatamente de sucedida la Proclama de la Primera Junta. No pasaba en todas las provincias lo mismo: en Córdoba, por caso, habrán de sucederse los intentos golpistas contra el primer gobierno independiente de la Corona.
La simplificación de la historia, concentrar la atención en lo que pasó en la ciudad puerto, es desconocer los luchas políticas y militares que se produjeron en suelo entrerriano, por caso.
Buenos Aires acoge con expectativa y entusiasmo el apoyo del interior, pero ese idilio no habrá de durar mucho tiempo. La historiadora Laura Naput repasó, en diálogo con EL DIARIO, de qué modo Entre Ríos apostó a la formación del gobierno independiente de España, y la posterior decisión de Buenos Aires de entregarla al virreinato español con sede en Montevideo.
Sin embargo, el interés federal e independentista de esta región pudo más y se libraron luchas que signaron los acontecimientos hasta dar con los ingredientes que conformaron la Argentina tal como existe hoy.
«Más allá del 25 de Mayo, si uno toma la primera década revolucionaria, Entre Ríos tiene un nivel destacado de participación y lo va a tener durante todo el siglo XIX», definió Naput. Docente a cargo de las cátedras de Historia de las Transformaciones Mundiales en las carreras de Ciencias Políticas y Trabajo Social, de la UNER, y de un seminario de Investigación en la Licenciatura de Historia, la licenciada Naput dio un repaso por los hechos de Mayo y sus vicisitudes que la historia instalada se empecina en ignorar.
–¿Se desentendió Buenos Aires de Entre Ríos, tras el apoyo a la Declaración de la Primera Junta?
–No. Ojalá se hubiera desentendido. Tomó decisiones en el sentido de entregarla a España. El 25 de Mayo de 1810 no nace la Nación sino que nace un gobierno propio. Y lo que inmediatamente se pone en la agenda es un sentido de la república, más que de la nación.
La ruptura con el imperio inaugura dos debates que involucran directamente a lo que hoy conocemos por Entre Ríos. El primer debate es adónde reside la soberanía: si en el pueblo –en un sentido más roussoniano– o los pueblos, y eso tenía que ver con la tradición hispánica referida a los cabildos.
Este debate supone otro posterior. Una vez que resolvemos dónde reside la soberanía, quién representa esa soberanía. Y acá se pregunta si es Buenos Aires quien tiene el poder de decisión o son los gobiernos del interior del virreinato quienes asumen su poder que habían delegado en el monarca español.
Y en ambos bandos hay convicciones y oportunismos. Esto es un debate que empieza y trasciende los primeros 50 años de historia proto-nacional, pero a su vez tiene consecuencias. Montevideo tenía el virrey bloqueando el puerto de Buenos Aires, luego de mayo de 1810. Y en 1811 firman un armisticio donde se compromete con (Francisco Javier) De Elío a reconocerse la soberanía del Virreinato en sus manos de la Banda Oriental y de Entre Ríos, y a cambio Montevideo se compromete a levantar el bloqueo.
Buenos Aires entrega las tres villas: Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.
–Es el inicio de la confrontación.
–Ahí comienza el problema. Ahí es cuando (Gervasio) Artigas por un lado, y (Franciso) Ramírez por el otro desconocen el poder de Buenos Aires para entregar estos territorios. Y ganan las batallas contra el virrey De Elío y defendiendo así las batallas contra los españoles.
Y ahí sí Buenos Aires se desentiende. Pero antes la había entregado a la postestad del virrey apostado en Montevideo.

DOS ESTADOS. –Se sientan allí las bases para la creación de la Liga de los Pueblos Libres, tomando también Santa Fe, parte de Córdoba y Corrientes.
–Claro. Por supuesto. Pero en un sentido Buenos Aires apostó a una política de secesión. Es decir, en un determinado momento, en 1815, para terminar el conflicto con Artigas y ahora sí, la Liga de los Pueblos Libres es reconocida por Buenos Aires. Y el propio Artigas la rechaza porque no quiere un territorio independiente del resto de las provincias del ex virreinato.
Esto es importante: quienes apuestan a una política de secesión son los porteños que los prefieren afuera, que adentro molestando. Y la Liga de los Pueblos Libres disputa, básicamente, por una forma representativa distinta. De hecho, nosotros como entrerrianos deberíamos conmemorar, en lugar del 9 de Julio, el Congreso del Oriente, que es un año anterior a 1816, cuando los pueblos de la Liga de los Pueblos Libres declaran la independencia de la Corona española. Y no es un detalle menor porque ya en 1814 Fernando VII ya volvió al trono. Así que se debería conmemorar el Congreso del Oriente.
–Y el escenario fue Concepción del Uruguay.
–El escenario fue Concepción del Uruguay. ¡Es fantástica la historia! Yo no soy chauvinista con esta cosa del regionalismo, pero ahí se ve lo que pudo ser y no fue. Se dan todas las discusiones que suponen el nacimiento de la república. Y la república supone soberanía popular, y el principio de la soberanía popular pone inmediatamente en discusión las formas representativas: si federales, confederales, centralistas. Y esto es mucho más interesante porque es un debate que no se ha agotado, y que muestra lo que pudo ser y no fue. La historia también es importante por aquello que se perdió.
–¿Había un frente cerrado dentro de los protagonistas de los hechos de mayo respecto de qué actitud tomar ante el interior?
–Lo que pasa que hay personajes que son muy atractivos, de una fuerte tradición republicana, pero en un sentido típicamente ilustrado. Desconfían de delegar ciertas decisiones en otros, para lo cual se sienten mucho más seguros ellos. Moreno no es un defensor de la confederación; es un centralista, pero no por los mismos motivos que otros. No hay que olvidarse que Entre Ríos tiene una posición muy clara, pero en el interior también está la reacción más conservadora contra la independencia.
–Habla del noroeste.
–Noroeste... Córdoba. Por otro lado hay otros que si bien tienen posiciones cercanas a la idea de la confederación, sienten que el conflicto más importante es la lucha contra los realistas, y un ejemplo claro es San Martín. Y no hay que olvidar otra cosa: nos guste o no a los habitantes del interior, quien financió la lucha contra los realistas fue Buenos Aires. Quien financió las campañas de San Martín fue el Directorio, y esto ponía a San Martín bajo las órdenes del Directorio que lo mandaba como general de ese gobierno centralista en momentos en que nosotros tenemos la Liga de los Pueblos Libres. Es un militar de un ejército revolucionario que por posiciones políticas muy claras desobedece a ese Directorio que quería mandarlo a reprimir a Artigas. Porque más allá de como nos lo vendió la historia argentina después del ’30, el Santo de la Espada, que no entiende nada de política, él es un militar revolucionario y como tal entiende mucho de política. Su mano derecha, el intelectual que lo secundaba era nada menos que Monteagudo, el tipo más brillante y menos conocido de la historia argentina.
Poner hoy como fecha nacional (al 25 de Mayo) deja de lado todo el debate respecto de qué cosas se dirimieron en esa época, el gran plan americano, la gran patria americana, pero que fracasó. Por la que lucharon San Martín, Bolívar, Monteagudo y Artigas.
–El fin de esa historia también tiene que ver el enfrentamiento de Ramírez con Artigas, ¿verdad?
–Sí, es parte de nuestra primera tragedia. Divide y reinarás dice el dicho.
–Dijo tragedia, pero pensé que diría traición.
–Y sí, sí. Desde mi perspectiva sí. Lo que hace Buenos Aires es negociar con cada uno. La decisión de Ramírez es incomprensible, porque la Liga de los Pueblos Libres gana la primera Batalla de Cepeda a los porteños. Y es en ese momento cuando Ramírez toma la decisión de... porque la guerra era muy difícil de mantener. Se ve que los entrerrianos en muchas ocasiones para evitar la guerra tomaron decisiones difíciles.
–El otro caso, posterior, fue el de Urquiza en Pavón.
–Urquiza, exacto. Y Ramírez toma la decisión de alejarse de Artigas de modo de asegurar la paz para Entre Ríos y esto no hace otra cosa que anticipar su final. Porque él le hace Artigas lo que López le va a hacer a Ramírez. López negocia con Buenos Aires y a cambio se termina enfrentando a Ramírez y paseando su cabeza por las tierras santafesinas.
Más allá del 25 de Mayo, si uno toma la primera década revolucionaria, Entre Ríos tiene un nivel destacado de participación y lo va a tener durante todo el siglo XIX.

El silencio de la escuela

Los actos escolares de hoy se repitan, empecinadamente, desde principios del siglo XX. Así, los contenidos se limitan a las horas cúlmines del Mayo de 1810 en Buenos Aires.
Los debates políticos, las luchas de poder, la confrontación de proyectos y el rol de provincias como la de Entre Ríos quedan relegadas al olvido.
«Se pasa por alto toda el rico debate sobre las formas de representación, la discusión sobre la soberanía. Es que la creación del panteón de próceres necesita personajes anodinos, despolitizados, sin pasiones», cuestiona Naput.
«Todo sigue siendo exactamente igual: los actos, los discursos. Y se sigue dando la idea de la historia como la maestra de la historia. Es decir –agrega– la idea de que la historia habla con sus ejemplos y, naturalmente las derrotas, las dudas, las contradicciones no sirven como ejemplo».

Publicado por: El Diario de Paraná.

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