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sábado, 18 de junio de 2011

La vida de película de un cantor que eligió las islas

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En algunas semanas estrenará nuevo disco en el programa de Alejandro Fantino. Se titula justamente Animales sueltos. El Canoero está de regreso con su carisma y su poesía isleña. La intensa vida de un hombre que se fugó de un destino seguro.

Tiene, por supuesto, un nombre bautismal, elegido por padre y madre; dos hermanos, un hogar originario y un futuro sin usar que alguna vez imaginó esa gente querida, de su sangre y de su clase. El Canoero tiene y tuvo todo eso, pero desde que una vez a los 5 años salió de paseo en el barco que construyó un tío con sus propias manos, desde aquella vez que dejó tierra firme y se involucró con el paisaje de las islas, alucinado por el verdor y el río, la visión fugaz de los dorados sobre el lomo cobrizo del agua, desde aquella vez, jura, supo que su vida tenía otro destino.
A los 51 años va por otra oportunidad. En pocos meses saldrá a la venta su quinto disco Animales sueltos, que hace referencia, claro, al programa de Alejandro Fantino en América TV, justamente el punto de partida del periplo de presentaciones una vez que la obra esté editada. El Canoero se hizo amigo de Fantino por un amigo en común, ya participó tres veces del programa y ahora dispondrá de la generosidad del conductor para agarrar del cuello esta nueva chance y conquistarla definitivamente.
Entre esa visita inaugural a las islas Las Lechiguanas y el último viaje a Buenos Aires para grabar su disco, pasó ferozmente la vida o varias vidas. El Canoero tiene la voz grave, potentísima como siempre, y un perfil áspero, cincelado por el rigor de la intemperie. Le resta a su imagen más popular, esa idea de galán rústico que proponían las discográficas desde la portada de sus primeros discos. Ya pasó esa etapa, como tantas otras.
El Canoero fue pescador, maestro, estibador, pero también corrector y cronista de un diario en San Nicolás, artesano y ceramista, afamado cantor. El Canoero alcanzó al penúltimo escalón del éxito y se cayó de boca al piso. Perdió todo, pasó algunas temporadas rodando en el olvido de sí mismo, intentó volver, volvió, tropezó y ahora está de nuevo. Intentando.

ORIGEN. Nació en Chacarita este isleño y es hijo de un doctor en Química y una bioquímica que se conocieron trabajando en el Hospital Churruca. A sus 5 años, la familia se mudó a San Nicolás y poco tiempo después él conoció las islas. Ya antes de ser un adolescente escribía versos perfectos que nadie lograba descifrar de donde provenían y apareció también la guitarra y la inquietud por hacer canciones.
En una peña y por causalidad, terminó cantando junto a otro gurí en perfecto ensamble, que desencadenó en la formación del dúo Cruz del Sur, con actuaciones en Canal 9 y una final en Cosquín.
La musiquita y el vagabundeo propio de la bohemia era un camino inaceptable para su padre. Menos junto a ese compañero de ruta, hijo de un verdulero cantor de tangos y borrachín.
“Yo tenía odio de la discriminación de mis padres y cuando Fabián me llevaba a guitarrear a la casa de los amigos de él, yo le pedía que jamás dijera quien era yo, porque si decía que era hijo del doctor Valentini ya me iban a mirar de otra forma”, narra y acepta que “no quería llamarme más Valentini porque mi viejo era muy conocido en la ciudad y yo quería que me valoraran a mí cantando”.
El Canoero se fue de su casa y de su clase, porque la poesía y la canción que perseguía lo llevaban de narices a la isla. Con la mayoría de edad ya instaló su propia “ranchada” en Las Lechiguanas y con su amigo Cacho Martínez peleó por una mujer a puro canto. “El que se quedaba primero sin canciones, perdía y la verdad que Cacho tenía pocos temas y yo no paré de cantar más. Ella fue mi mujer y madre de cuatro de mis hijos”, precisa.
El apodo que eligió por nombre apareció por vez primera a raíz de un concurso nacional de cuentos. El Canoero lo ganó con Evacuado 83, un relato sobre la inundación del 81, que refería a la evacuación obligatoria y sufrida de los isleños. Los isleños como un número. Él, justamente, fue el evacuado 83 y firmó ese texto ganador, por primera vez, como El Canoero. “Yo soy El Canoero, ese es mi nombre, mi identidad”, dice ahora, 30 años después.

CIELO E INFIERNO. En algún momento sintió que ya acumulaba demasiado, que debía soltar, “rebalsaba”, dice, de letras, canciones y poesías. Se fue al pueblo el Canoero intentando que no lo pique “la yarará del pavimento”, anduvo por los festivales, lo apadrinaron los hermanos Cuestas y después de conocer las complejidades de las especulaciones discográficas, grabó sus primeros discos y conoció algo de la fama, de la mano del zar de la televisión, Alejandro Romay.
“Aparecí en Canal 9, primero de traje, que fue claramente un error, después sí ya de paisano y fue un éxito, todo el mundo cantaba bolsa, bolsa (Canción del estibador) y en lo mejor que estaba en Finalísima del humor, pasa lo que pasa”. El Canoero vino a Paraná a hacer un beneficio para el Hospital San Roque y de regreso a la noche chocó contra un auto parado y sin luces en la ruta. En el accidente murió un chico.
“Perdí todo, los negocios que tenía, me separé, caí en la droga, en el alcohol”. Regresó a su refugio en la isla, sin nada, “a vivir de la nutria en la intemperie”, compró una casa, se alejó de los medios y cuando vislumbró todo lo que había perdido de su carrera, cayó otra vez.
Rodó El Canoero por un callejón helado lleno de ecos sucios, hasta que conoció a su actual compañera en Victoria y fue volviendo a su vida lentamente. A su vida que ya era otra.
“Considero que volví cuando dejé la cocaína hace 5 años, me desligué de esa mugre y arranque de vuelta con el disco Ser vivo”.
Ahora está definitivamente de regreso El Canoero y esta vez no puede fallar: tiene carisma, una voz genuina de las islas y una historia fuerte y fascinante que se filtra en su canción con su complejo encanto.

Publicado por: El Diario de Paraná.

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